01 mayo, 2012

RECLAMO



               
Vuelvo con otra palabra olvidada o próxima a quedar desvanecida en nuestro idioma cuando es relacionada con el libro.
Me refiero a reclamo,  esa palabra o silaba que figura en los libros antiguos a pie de página, en su margen derecho, la misma que aparece primera en la página siguiente.
Servía para establecer el orden de los cuadernos u hojas que se habían copiado o de las galeradas.
En los códices, el reclamo tiene la función de evitar los errores al encuadernar los cuadros o pliegos. (Dicc. Bibliología, Martínez Sousa)
(reclamo c.1473 Epistolae- F. Philelphus)






Utilizado por primera vez por el impresor  veneciano Vindelinus de Spira en el último tercio del siglo XV (quizá en 1473). Dejó de utilizarse en el siglo XVIII al generalizarse el sistema de paginación.
En la actualidad el reclamo es la  nota del corrector para recordar donde interrumpió su trabajo.
Finalizando el XVIII  el reclamo aparece en todas las páginas, aunque estas estuviesen numeradas, por lo que se ha creído que esa costumbre quedó porque era utilizada como apoyo a la lectura por los lectores que leían silabeando, y al llegar al reclamo dejaban suspendida su pronunciación entre las dos páginas mientras pasaban la hoja, eso sí, ¡después de ensalivarse el dedo!

del PARNASO ESPAÑOL, impreso 1768  por Joachin Ibarra


Como ejemplo, si leemos el final de esta ilustración sonaría más o menos: ...es-con-ta-do, (que eee) el pre-mio... 
Quizá no sea cierto aunque sí parece que también pudiera tener esa utilidad.  Al menos más literaria e imaginativa sí que es.

02 abril, 2012

EL COLOFÓN


Sabemos que colofón es el remate a un trabajo. En los libros es la nota que aparece en la última página indicando lugar, fecha de finalización del trabajo y nombre de la imprenta, cualquier otra información, dibujo o frase en latín.
Hoy en día el colofón es tomado como una curiosidad bibliográfica, guiño del editor, incluso recordatorio del tema que hemos leído aunque en él puedan figurar datos de interés; es debido a que desde el s.XVI su información se indica en la portada o en la actual página de derechos, quedando el colofón como complemento a lo ya dicho o como marca del impresor.
En la portada se indica el año de edición, pero en el colofón aparece, además de datos de la imprenta, el día, mes y año en que el impresor dio por finalizado su trabajo. Los libros editados en el XVI y XVII pueden contener distintas fechas entre la página de portada y la de colofón, se debe a que la primera corresponde a la fecha de entrada en imprenta y la de remate la última. También puede ocurrir lo contrario si el impresor ha iniciado su trabajo por las últimas páginas, aunque esto no es tan común. 
El primer colofón del que se tiene noticia está en el Psalmorum codex impreso en Maguncia el año 1457 por Johann Fust, impresor, socio de Gutenberg y banquero.
España tiene su primer colofón en el Cancionero de Juan del Encina, impreso en Salamanca en 1496  
En los últimos años, entre los colofones más llamativos están los editados por la editorial Hiperión donde cada ejemplar queda rematado de manera muy singular.


Como todo es “copia” en el mundo del libro, quizá esta costumbre de añadir colofón a los escritos proceda del medieval éxplicit, palabra que según el DRAE  significa: En las descripciones bibliográficas, últimas palabras de un escrito o impreso antiguo.
Viene de la frase que utilizaban los copistas medievales al final del escrito: explicitus est liber,  algo así como “queda totalmente desenrollado este libro”.
Como colofón otro par de colofones.




20 marzo, 2012

UN "OSCAR" DE LIBRO

Para hablar del libro, hoy debo decir que una imagen vale más que mil palabras... mías.

Si te apetece puedes disfrutar unos minutos con el cortometraje ganador del premio Oscar 2012 al mejor Corto de Animación.

Coincidirás conmigo que "the winner is"... ¡EL LIBRO!

02 marzo, 2012

BALDUQUE

Las palabras tienen vida: nacen y mueren, aunque muchas de ellas nos pasan desapercibidas a la mayoría de los hablantes.
A mí me ocurrió; fue una sorpresa escuchar por primera vez la palabra balduque, se la escuche a mi buen amigo N.L. en una charla sobre viejas letras que él impartía, pero tal como decían nuestras abuelas “el que no sabe es como el que no ve” ya que al conocer el balduque en una ilustración creí que se trataba de una señal de lectura que yo no había incluido en el artículo de este blog dedicado a los marcapáginas.
Quise saber de ella, según nuestro último DRAE:
Balduque.- (Del fr. Bois-le-Duc y este trad. de Hertogenbosch, ciudad holandesa donde se tejían estas cintas). 1. m. Cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las oficinas para atar legajos.
Se dice que ya era utilizada en el siglo XV aunque se popularizó con Felipe II del que llegó a decirse que gobernaba el “imperio del balduque”. Lope de Vega, y supongo que la mayoría de los escritores de esa época, recurría a esta cinta para atar sus obras antes de darlas a conocer; sin embargo llama la atención que a pesar de ser popular entre aquellos escribanos la Academia la recogiese en diccionario por primera vez el año 1817. En él balduque está definido como:
Cinta angosta de hilo de color encarnado que suele servir en las oficinas para atar legajos de papeles.
Desde que nació esta palabra estuvo (aún está) reservada a los archiveros, conservadores y estudiosos de viejos documentos. Quizá sea debido a su uso restringido más estos tiempos tan tecnificados que vivimos, por lo que se le puede augurar pocos años de vida, el mundo electrónico se hará con ella. Aunque esta palabra pueda presumir de una aurea solera, el siglo XXI puede ser el de su desaparición.
Balduque,  bonita palabra con la que hace cinco siglos se bautizó a la cinta utilizada para que no se extraviasen los documentos, va a desaparecer porque no hay un balduque digital que la sujete.

01 febrero, 2012

HA NACIDO UNA BIBLIOTECA

                
De milagroso debería calificarse este acontecimiento.

Sucedió hace unos días en Hortunas, aldea del municipio de Requena (Valencia), un lugar entrañable situado en la ribera del rio Magro, ideal para perderse y encontrarse entre sus pintorescos rincones.

En ella viven una decena de familias que llegan a ser un largo centenar en el periodo estival; la aldea, tanto en verano como en invierno, llama la atención por el ambiente cultural que ofrecen sus vecinos manteniendo tradiciones centenarias, actos culturales y festejos; actividad que merece ser, más que admirada, copiada.

Pues bien, aprovechando el día de su patrono san Julián sorprendieron a la comarca con la inauguraron de una biblioteca pública en honor de Juan Vicente Piqueras, poeta requenense afincado en Roma soy poeta rupestre y Roma es mi caverna del que de su abundante obra publicada sólo recordaré: Aldea, premio  “Valencia” de poesía 2006.



Para hacerla posible han colaborado la Biblioteca Municipal, Centro de Estudios Requenenses algunos escritores amigos del poeta y los vecinos que, además de libros, han donado las estanterías. 

En lugar preferente de la biblioteca está la obra de Piqueras que, a manera de reclamo, advierte a vecinos y visitantes donde pueden encontrar:

Palabras claras pobres como aldeas
donde vivir tranquilo
olvidado del mundo y sus mentiras
de manera sencilla e imposible…
(ALDEA. Poética pobre. Ed. Hiperión)

Si se calificaran las bibliotecas por el censo de vecinos que debe atender con la cantidad de libros que guarda, esta de Hortunas, de Juan Vicente Piqueras, bien pudiera ser tratada de “catedral bibliófila”, pero el poeta, conocedor del alma aldeana, seguro que la prefiere ermita de esa manera, cuando cierre los ojos, podrá ver una alegre romería que se acerca a ella para encontrarse con el milagro de la palabra y poder

[…] lamer la miel dormida
de esta luz como un zumo de sueños en el aire,
este puro  milagro de estar vivo,
de llevar en las manos el mundo que mañana
volverá a dar su luz, su miel, sin mí.
(ALDEA. Miel sin mí.)

Ha nacido la biblioteca de Juan Vicente Piqueras, la de Hortunas, como todas, llega con la noble misión de alimentar a quienes se acerquen a ella y así:

[…] alguien, tal vez un niño en otra escuela,
preguntará [o comprenderá] un buen día
qué significa la palabra aldea.
(ALDEA. Calle de la Estrella.)


01 enero, 2012

EL RETORNO DE LOS OULIPOS


Cuando inicié este blog me propuse no citar libros de reciente publicación. Hoy voy a hacerlo, aunque para no faltar a mi primera intención me justificaré con la consabida coletilla de que “la excepción confirma la regla”.

El título del libro que quiero comentar es Cien mil  millones de poemas editado por  Demipage en noviembre de 2011. Tan sólo son diez sonetos en castellano cuyos versos combinables han sido escritos por autores de solera.

El libro, con páginas de cortesía, prólogo y epílogo consta de diecinueve hojas, pero lo singular es que para leer de manera ininterrumpida sólo las diez páginas que contienen los poemas, una por soneto, según se advierte en el prólogo podemos tardar ¡doscientos millones de años! No hace falta que diga que es una exageración, yo considero que, más o menos, unos quinientos años serían suficientes.

Yo ya estoy en la tarea…, el tiempo pasa volando.

En estos años no incluyo la invitación que se le hace al lector a participar en el libro, buscando la combinación del soneto que considere más apropiado.

El libro, los poemas, es un homenaje a Raymond Quenau, en el cincuentenario de la publicación de su Cent mille milliards de poèmes.  

Cuando conozcas (no digo, leas) el libro, comprenderás que esta joya literaria o tesoro bibliófilo tan extravagante, original, único o como desees calificarlo ya que nos es útil para jugar, divertirnos, escribir (quien sepa), crear y recrear, sólo se le puede ocurrir a mentes uoliponianas.

En 1960, Raymond Queneau, con otros nueve  escritores y matemáticos franceses más, fundó un Taller de Literatura Potencial conocido por el acrónimo OuLiPo. Bien podríamos decir que es una escuela, pero desde su fundación nunca pretendieron enseñar a nadie, tan sólo animarles a trabajar.

La finalidad del taller es la búsqueda de formas y estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca. Por lo novedoso ¡y lógico! de su trabajo renuncian a ser calificados de vanguardistas, ya que ellos sólo pretenden poner una herramienta en manos del escritor.

Todo escrito de los oulipos rebosa creatividad, bien sea combinando versos, como es el caso que comento, extraños laberintos, lipogramas, homofonías, más un extenso, divertido e inimaginable (por ahora) juego con las palabras. 

Han sido (y son) abundantes los escritores adscritos a este movimiento; como ejemplo, además de Queneau, sólo citaré: Boris Vian, Julio Cortázar, Italo Calvino o Georges Perec, este último es el más creativo y constante de todos.

La mejor manera de entender la finalidad de los porqués de la escritura de los autores oulipos nos la da Perec: En el fondo me doy reglas para ser libre.

Si a eso le añadimos que la palabra es un juguete, tal como afirmaba el italiano Bufalino, nos alegraremos de haber conocido la inagotable inventiva de estos genios de la literatura.



    
    

04 diciembre, 2011

ESTIMADOS PADRES


Estimados padres:

Se aproximan días de alegría e ilusión para los niños; son esos momentos puntuales que cada año todos, en mayor o menor grado, hemos disfrutado en nuestra infancia y que solemos olvidar de adultos.
Nosotros lo sabemos. Esta semana, a pesar de la crisis, se ha iniciado en grandes y pequeños comercios la habitual actividad navideña.
Nosotros sabemos que los juguetes son la máxima ilusión de los niños; bellos y extraños artilugios capaces de llevar su imaginación a lugares desconocidos (u olvidados) por los mayores.
Nosotros hemos comprobado que todos los niños, en sus sinceros y humildes escritos, reclaman libros, pero dado los títulos, autores e influencias externas, nos hacen sospechar que esas peticiones se deben a recomendaciones de sus progenitores. De eso os queremos hablar: de la lectura dirigida a los niños.
No pretendemos inmiscuirnos donde no nos corresponde, pero dada la confianza alcanzada por relación que mantenemos desde hace años­ milenios con padres e hijos, consideramos que no se molestaran al escuchar nuestras sugerencias.
Comenzaremos exagerando nuestro argumento: ¡No existen libros para niños!
Damos por entendido de que sabes que nos referimos a niños de hasta unos diez años.
Para un niño la lectura no es una forma de evasión. Mucho menos si se le recomienda leer a fin de que deje tranquilo a su cuidador.
Acaso nadie ha dicho a un niño: ¡Lee y calla!
Es evidente, el niño tiene que saber leer, pero él no necesita la lectura para evadirse ni para soñar. Ya posee los mejores mecanismos para imaginar infinidad de mundos y aventuras todavía por escribir.
También necesita de la lectura, del libro, no como aislamiento sino como un eficaz pretexto para estar acompañado por un adulto capaz de compartir y disfrutar con la versión que él pueda hacer de la historia, posiblemente más imaginativa que la de la del libro que este leyendo. Son los adultos quienes tenemos que comprender la lectura como un momento gratificante y divertido para el niño, no para nosotros. Compartir, y relatar un texto con ellos ¡aunque sea la novela que estéis leyendo vosotros!
Repito, a los niños no les hacen falta libros. ¿Quién puede encontrar mejor mundo que el que ellos están creando? Vosotros, junto a ellos, sois el mejor de los libros.
Más que leer, el niño debe descubrir su mundo; un mundo único y armonioso, adentrarse en él para vivirlo, transformarlo y compartirlo con su entorno. Ya llegará el momento de que no le haga falta la compañía de los demás, habrá llegado el momento de disfrutar de la lectura, a la manera de los adultos.
Perdonad el tiempo que os hemos hecho perder en vez de estar leyendo en compañía de vuestros hijos.
Os adelantamos que podéis contar con nuestra próxima visita.
Desde un lugar cuyo nombre no podemos decir os saludamos
                                    Nicolás, Melchor, Gaspar y Baltasar

                          
P.D.- Llevamos unos libros para niños maravillosos.

21 octubre, 2011

¿QUÉ LEER?


Dice Oscar Wilde: Los libros pueden ser muy cómodamente divididos en tres clases: Los libros que hay que leer, los libros que hay que releer y los libros que no hay que leer nunca. Para cada modalidad el escritor irlandés cita libros y autores que omito repetir al considerar que cada uno podríamos aumentar o suprimir por no coincidir con él. Pero la división parece acertada.

Suele suceder que al ver un libro, sea su autor, título, tema o portada lo que haya despertado  nuestro interés para intimidar con él; o que la muestra de varios títulos provoque nuestro deseo por conocer la historia que llevan dentro, pero hay tantos y tan distintos que nos hacen dudar, ¿cuál de ellos elegimos? Muy fácil: ¡El que nos apetezca!

Continua Wilde: Decir a las gentes lo que deben leer es generalmente inútil o perjudicial…  Es cierto, el acto de leer debe ser algo voluntario y libre; sin coacciones (no hablo de estudiar, que nos exige otra disposición) siendo conscientes de que la lectura permite caminar hacia el futuro con la seguridad de que el pasado nos respalda… (G. Gullón).

A lo que íbamos; conocemos el libro y queremos leer, entonces ¿qué nos interesa? Mejor que uno mismo nadie lo sabe. Si nuestro estado de ánimo está deprimido seguro que una novela de aventuras le hará volar. ¿Será mejor unos poemas? Seguro que sí, a por ellos. ¿Queremos conocer mundo? No hay agencia que nos pueda superar la oferta que tienen los libros de viajes. ¿Nos habíamos acostumbrado a esos programas rosa donde nos cuentan los avatares de algún personaje de escasa relevancia? Si nuestra intención es imitarlos, mejor será buscar en las biografías de millones de hombres y mujeres que han engrandecido la humanidad. Saldremos ganando. ¿Acaso queremos conocer una época determinada? Hay miles de novelas históricas, ¡qué mejor aventura que la propia historia! ¿Temas de actualidad, teatro, arte, ensayo, divulgación, técnicos, etc.? A por ellos, no siempre nos apetece leer “cualquier cosa”.

Parece que, más o menos, ya sabemos lo que nos apetece. Es el momento de salir a cazar: Entramos de ojeo en una librería sin ninguna idea en concreto,  y sin darnos cuenta, un libro por su tamaño, portada, tema, autor o título “nos mira” reclamando silencioso nuestra atención. Él gana, lo compramos y desde ese momento, ¡sorpresa!, ya forma parte de nuestra vida, más aún si su lectura nos ha entusiasmado. 

Si nuestra visita ha sido a una biblioteca pública pediremos al bibliofilacio que nos facilite tal título o un libro sobre determinado tema, pero mejor será si nos paseamos por sus anaqueles, para hojearlo u ojearlo, y estaremos ante un mundo, dispuesto a servirnos fielmente, desde los inmortales clásicos, verdadero germen de nuestra civilización a los que no debemos temer, hasta los más o menos criticados “best-séller”, (libros de éxito suena mejor), todos están esperándonos, todos desean servirnos, es el momento de vivir con ellos, escucharlos y... puesto que nacimos humanos, seamos libres, ¡leamos!

Traspasado este portal llega el momento de hacerle caso al autor irlandés: Leer, releer y saber lo que no volveremos a leer.